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Las escuelas democráticas, 4º capítulo: la comunidad, siempre somos parte de algo

16 octubre 2012

Con motivo de la publicación en el último nº de la revista Documentación Social (septiembre de 2012, Caritas-España), de un artículo que he escrito sobre las Escuelas Democráticas, sigo con la publicación de una serie de entradas recogiendo los diferentes apartados del citado artículo. Vamos con el 4º capítulo, dedicado al funcionamiento de la asamblea o parlamento escolar.

“El derecho de los niños pequeños a participar en las decisiones que los afectan subraya que la participación aumenta la autoestima de los niños y la confianza en sí mismos, fomenta sus capacidades generales, produce mejores rendimientos, refuerza la comprensión de los procesos democráticos y el compromiso en los mismos, y además, protege a los niños con mayor eficacia. Brinda la oportunidad de desarrollar el sentido de autonomía, la independencia, una mayor competencia y adaptabilidad social”  Gerison Lansdown[1]

El otro aspecto característico y diferenciador de la educación democrática con respecto a otras propuestas educativas es el papel central que juega la asamblea o parlamento de la escuela como elemento estructurador y conformador del espacio educativo y como máximo órgano decisorio. La asamblea es el órgano que vincula a todos los miembros de la comunidad educativa, y el lugar dónde se ejerce el derecho a participar y decidir en tanto miembros activos de una comunidad. Entre sus funciones suele incluir la creación de normas y definición de límites, la resolución de conflictos, la elección de cargos, debatir sobre propuestas de cualquier tipo, o incluso la elaboración y aprobación del presupuesto escolar o la contratación de nuevos profesores. Todos los miembros de la comunidad escolar pueden participar en pie de igualdad en este órgano, cuya periodicidad suele ser semanal.

La asamblea de la escuela es por tanto una auténtica escuela de democracia participativa, en donde se practica el diálogo y la escucha activa, el debate y la toma de decisiones, teniendo como premisa la búsqueda del consenso siempre que sea posible. Pero lo que hace que este esquema tenga una trascendencia educativa real y que tenga influencia en los estudiantes como elemento modelador de sus actitudes es el hecho de que ellos lo vivan como algo real, y no como algo impostado. Los debates y la toma de decisiones no pueden ser una apariencia o una mera práctica simbólica, deben de ser reales y deben ser vividos como reales. “Todo estudiante, independientemente de su edad, tiene un voto en la asamblea. Lo mismo que cada miembro del equipo. En tanto en cuando los estudiantes superan al equipo en una proporción de uno a siete, ellos tienen el control efectivo de la escuela”.[2]

Esto tiene importantes repercusiones para la convivencia diaria, porque se asume que las normas de convivencia y los límites son, en primer lugar, decididos y consensuados por todos, y por tanto no preceden de ninguna autoridad con poder “superior”. Esto aumenta claramente la legitimidad de dichas normas y facilita su cumplimiento. En segundo lugar estas normas son iguales para todos, estudiantes, profesores o miembros del equipo escolar. Todo el mundo conoce las normas y los límites, lo cual facilita mucho las cosas para la convivencia diaria. Y. Hetch advierte de la importancia que tiene la claridad y la transparencia para un buen funcionamiento de la escuela, en la medida en que esto aleja la posibilidad de actuaciones discrecionales.

Sin embargo ello no nos debe inducir a pensar en las escuelas democráticas como espacios idílicos exentos de confrontación. Como en toda colectividad humana, a diario surgen multitud de situaciones de conflicto. La diferencia es que este se aprovecha como parte del proceso de aprendizaje individual y colectivo, y para ello es esencial confiar en la capacidad de auto-regulación tanto de los individuos como del grupo humano en su conjunto. Y para que esto funcione, es necesario que exista previamente un marco o estructura definido que dé identidad y proporcione seguridad al grupo en su devenir cotidiano.

Además de todo esto, el papel de la asamblea o parlamento escolar está en relación dinámica con el otro aspecto fundamental en la educación democrática, la libertad de aprendizaje, en el sentido de que establece un marco comunitario que representa los valores del bien común que quedan situados por encima de la libertad individual, en tanto en cuanto esta siempre debe someterse al respeto de las normas comunes y a la convivencia. Por otra parte proporciona un modelo de trabajo basado en la cooperación y la colaboración entre iguales para la resolución de los problemas, que nace de un reconocimiento previo de la diferencia y de la libertad de cada uno de manifestarse sin miedo tal como es.

Además de la asamblea escolar, existe la figura del comité judicial, que es el órgano encargado de dirimir conflictos cotidianos de carácter interpersonal o de ruptura de las normas. Es un órgano compuesto por varias personas de la comunidad elegidas en la asamblea.

Referencias:


[1] LANSDOWN, GERISON. ¿Me haces caso? El derecho de los niños pequeños a  participar en las decisiones que los afectan. Cuadernos sobre Desarrollo Infantil Temprano. Países Bajos.Fundación Bernard van Leer. Mayo, 2005. http://www.ucm.es/info/polinfan/2006/area-lectura/mod-1/Me-haces-caso.pdf

[2] GREENBERG, DANIEL. Free at Last. The Sudbury Valley School, pág. 106, Sudbury Valley School Press. 1987.

*Imagen: fotografías escuela democrática de Hadera (Israel)

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