Skip to content

Las escuelas democráticas, 3º capítulo: el aprendizaje libre, una cuestión de confianza (2ª parte)

8 octubre 2012

Con motivo de la publicación en el último nº de la revista Documentación social (septiembre de 2012, Caritas-España), de un artículo que he escrito sobre las Escuelas Democráticas, sigo con la publicación de una serie de entradas recogiendo los diferentes apartados del citado artículo. Vamos con el 3º capítulo, dedicado al aprendizaje libre, que he subdividido en 2 partes, aquí os ofrezco la 2ª.

El aprendizaje diverso, parte de la premisa de que cada ser humano es diferente y de que la diversidad humana es una de las cosas más bellas y necesarias del mundo. A partir de aquí se considera que el “perfil de aprendizaje” de cada individuo es único y diferente, y que por tanto es necesario crear un marco que reconozca esa diferencia y permita que se exprese y se desarrolle, para que él pueda hacer así una contribución única y propia al mundo. Pero el descubrimiento de esta singularidad personal y de las propias capacidades no es un proceso sencillo, más bien es un proceso que requiere de una serie de condiciones para que pueda aflorar y ser reconocido, y que la escuela debería procurar. En palabras de Y. Hetch, este descubrimiento requiere de una “travesía del desierto” personal, un viaje que uno debe realizar por sí mismo y para el que no existen atajos en forma de ayuda del adulto mostrando lo que es correcto, o dónde están los errores.

Para que esto pueda ocurrir, Hetch plantea que deben establecerse algunas premisas fundamentales. En primer lugar se debe desterrar la idea de un currículo prestablecido e igual para todos, decidido por alguien externo (los adultos), que determina qué es lo que hay que aprender en cada momento y qué es lo correcto y lo que no. En un mundo donde el conocimiento y los saberes humanos han alcanzado una extensión que hace que sea absolutamente imposible que se pueda abarcar ni siquiera una pequeña parte del mismo, parece que no tiene mucho sentido que este deba ser reducido a una serie de ítems que indefectiblemente discriminan la diversidad y pluralidad de intereses existentes en cualquier grupo humano y por tanto en un grupo cualquiera de niños.

En segundo lugar, es absolutamente fundamental permitir que cada niño pueda descubrir sus fortalezas, es decir, sus talentos y aptitudes naturales, y que tenga la posibilidad de desarrollarlas para de esta manera fundamentar y fortalecer experiencias de éxito sobre las que construir una niñez que ayude al crecimiento personal y no lo limite. Se parte de la idea de que “cada persona y cada estudiante, tiene áreas en las cuales él destaca, y otras en las que se sitúa en la media o está por debajo de la misma. Es una manera de pensar que ve la persona como un conjunto compuesto por diferentes y variadas capacidades”.[1]

La tercera premisa es la de respetar sin interferencias ni cortapisas el desarrollo de las “áreas de crecimiento”, que son “aquellos campos de conocimiento o actividades que fascinan el estudiante en un momento dado más que ninguna otra cosa…y que causan al mismo un sentimiento de gran atracción y curiosidadEstas áreas de crecimiento proporcionan intensas emociones, como entusiasmo, excitación, desafío, y un hermoso deseo de volver a dicha área de interés una y otra vez.”.[2]

Durante el desarrollo de estas áreas de crecimiento, habitualmente se alcanzan niveles máximos de aprendizaje, que envuelven todas las capacidades físicas y mentales de la persona, y cuyo desarrollo guarda una estrecha relación con el desarrollo de los más altos niveles de inteligencia emocional, de acuerdo a las características planteadas por Daniel Golemanen su obra sobre este tema Es justamente en estas áreas de crecimiento donde se desarrolla el aprendizaje diverso y no es algo que tiene que ver tanto con un resultado sino con un proceso.

Es muy interesante profundizar en este proceso porque en el mismo se hallan algunas de las claves trascendentales que explican la importancia y las consecuencias que estos procesos tienen en el desarrollo y maduración del niño y en su capacidad de afrontar de manera exitosa nuevos y sucesivos episodios de aprendizaje. Por una parte, y como consecuencia más importante, el hecho de que el niño consiga superar retos que él mismo ha elegido le proporciona un sentimiento de empoderamiento en cuanto a sus capacidades, que más tarde podrá trasladar a otras áreas de su vida. En segundo lugar, supone una posibilidad de profundizar en el autoconocimiento y en la toma de conciencia de las habilidades y las fortalezas de uno mismo. En tercer lugar supone el desafío de enfrentarse a la libertad de elegir y asumir las consecuencias de sus propias decisiones, lo cual le llevará a la auto-responsabilidad, en lugar de abandonarse a las decisiones de otros. Y además de todo ello, durante estos episodios de aprendizaje, se da un proceso de adquisición de diferentes conocimientos de manera transversal, que excede a veces con mucho los conocimientos adquiridos en el aprendizaje parcelado por áreas o asignaturas que se ofrece en el sistema convencional.

Evidentemente no todos los niños responden de igual manera ante estos retos, y es papel del educador acompañar el niño en la superación de las dificultades que van surgiendo en el camino. Es aquí donde desempeña un papel fundamental la figura del mentor o tutor de confianza del niño. Esta figura está extendida en casi todas las diferentes experiencias en este tipo de educación. El mentor o tutor es elegido por el niño de entre el equipo de educadores o profesores de la escuela, y la relación es asumida de mutuo acuerdo por ambas partes. En este punto es necesario recalcar que, en gran medida, depende de la capacidad de este mentor de establecer una relación de respeto profundo y de confianza con el niño, la posibilidad de éxito del proceso, sin dejar de mencionar la importancia de la complicidad de la familia en el mismo.

Y. Hetch apunta que el camino por el aprendizaje en entornos con estas características es un camino que está muy lejos de la concepción lineal del aprendizaje en la escuela tradicional. Él propone un modelo en espiral, multidimensional, en el que tan importante como el saber, es el “no saber”, que a veces lleva a sufrir crisis y periodos de duda, pero que finalmente impulsa y alimenta nuevos episodios de aprendizaje que van expandiendo tanto la zona de saber, como la zona de “no saber”, puesto que el saber más lleva aparejado inevitablemente un aumento de la conciencia del no saber.

Puesto que cada estudiante tiene la posibilidad de hacer su propio viaje por el aprendizaje desde su singularidad y su especificidad, esto le hace consciente de la singularidad y de la diferencia de los otros, lo que lleva a una aceptación de la pluralidad y de la necesidad de esa diversidad que enriquece el acervo social, lo que a su vez lleva a la creación de una cultura democrática entendida como “la habilidad de encontrar la singularidad en cada persona y de colaborar con él o ella, para crear algo juntos”.[3]

En las escuelas democráticas, las clases en el sentido tradicional son sólo una de las posibilidades que existen de aprender o relacionarse, y no son precisamente las más habituales. Las clases son parte de un currículo de lecciones o temas que son ofrecidos a los estudiantes por el equipo de profesores, y otras que son pedidas por los estudiantes. En muchos casos estas clases o lecciones son ofrecidas por los propios estudiantes, padres, o expertos externos que acuden como voluntarios. En cualquier caso la asistencia a las mismas es siempre opcional y en ellas no hay separación por edades. Otras maneras de aprender, bien individualmente o en grupo, son: espacios de aprendizaje específicos, como pueden ser el espacio de arte, para audiovisuales, música, el laboratorio, la cocina, o el propio entorno natural, etc., según los recursos de la escuela. Además se pueden crear pequeños grupos que se auto-organizan para aprender o trabajar sobre un tema. También es frecuente la visita de personas del entorno de la escuela que acuden de manera voluntaria para ofrecer sus conocimientos y experiencia. Por último, cualquiera puede organizar una sesión para disertar o debatir sobre cualquier tema.

Una escena habitual en este tipo de escuelas es la de un estudiante que dedica semanas o meses a una única actividad, de manera casi obsesiva, muchas veces solo, o a veces en compañía. Son derivas personales durante los cuales se producen procesos de aprendizaje y crecimiento difícilmente objetivables desde fuera, pero que influyen enormemente en los sentimientos de confianza y empoderamiento del estudiante.

Continuará…(La participación comunitaria, siempre somos parte de algo)

Referencias:

[1] HETCH, YACOOV. Democratic education, a Beginning of a Story. pág. 104. Israel. AERO, 2010

[2] HETCH, YACOOV. Democratic education, a Beginning of a Story, pág 105. Israel. AERO, 2010

[3] HETCH, YACOOV. Democratic education, a Beginning of a Story. pág. 141. Israel. AERO, 2010

*Imagen: http://drpfconsults.com

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: