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Las escuelas democráticas, 2: el aprendizaje libre, una cuestión de confianza (1ª parte)

25 septiembre 2012

Con motivo de la publicación en el último nº de la revista Documentación Social (septiembre de 2012, Caritas-España), de un artículo que he escrito sobre las Escuelas Democráticas, sigo con la publicación de una serie de entradas recogiendo los diferentes apartados del citado artículo. Vamos con el 2º capítulo, dedicado al aprendizaje libre, que he subdividido en 2 partes, aquí os ofrezco la 1ª.

“Confiad en los niños. Nada podría ser más fácil ni más difícil. Difícil, porque para confiar en los niños primero tenemos que confiar en nosotros mismos, y la mayoría de nosotros fuimos enseñados como niños en los que no se podía confiar. Y por tanto vamos a tratar a los niños de la misma manera en que nosotros fuimos tratados, llamándole a esto “realidad”, o diciendo, con un punto de amargura, “si yo pude soportarlo, ellos también podrán”. Holt, John. How Children Learn

Sin duda el asunto más espinoso, más difícil de explicar, y que más problemas despierta con el enfoque de la E. D. es la asunción inicial de que es el estudiante, niño o joven, el principal responsable de dirigir su proceso de aprendizaje. Esto significa, como primer punto, asumir una confianza esencial y fundamental hacia ellos en su capacidad de hacer las elecciones más adecuadas en su desarrollo personal. Esto choca profundamente con una parte de nuestra cultura, cuya base, esencialmente autoritaria y paternalista, se traslada al mundo de los niños y jóvenes en una suerte de currículo omnipresente, ya sea oculto o expreso, ya sea escolar, o extra-escolar, que apenas deja margen de libertad para realizar elecciones de acuerdo a las inclinaciones personales de cada quién.

Las consecuencias de una educación autoritaria basada en el miedo y en la falta de confianza en los niños y jóvenes, se traducen en dolorosas manifestaciones en la vida adulta, como falta de auto-estima y confianza en las propias posibilidades, ausencia de autonomía en los procesos de aprendizaje, miedo a decidir por uno mismo y al fracaso, desorientación sobre la vocación personal, resentimiento hacia el adulto y el profesor, sentimientos de humillación, bajas capacidades para relacionarse con los demás, etc.

Desde sus orígenes, la educación democrática (o sus antecedentes), se plantearon este asunto como central a la hora de desarrollar su práctica educativa. En este sentido, se puede decir que la experiencia de Summerhill marca un antes y un después, en tanto en cuanto su principal rasgo característico es el de procurar una educación antiautoritaria, dirigida a explorar las posibilidades de desarrollo de las personas cuando estas reciben la confianza y la libertad suficiente como para poder decidir en cada momento qué es lo que necesitan o quieren, sin miedo a equivocarse, o a otras consecuencias “añadidas”, más allí de lo que puede ser una experiencia fallida. “En Summerhill, A.S. Neill no examinó la libertad, sino la autoridad.”. 1

Aunque actualmente no esté muy de moda hablar del concepto de autorregulación, gran parte de la experiencia de Neill con los niños parte de este principio, desarrollado inicialmente por el psiquiatra W. Reich, y que se fundamenta en la idea de que todo ser vivo posee las capacidades innatas de auto-regularse y desarrollarse de acuerdo a procesos naturales inherentes a la vida. Neill “creía en la bondad innata de los niños, y creó un entorno en el cual los niños tuvieran la más amplia posibilidad de ser ellos mismos sin el constreñimiento de los adultos.”.2

Esta idea sobre la bondad natural de los niños, que algunos han descalificado tildándola de naíf, ha venido sin embargo ha ser confirmada por las investigaciones realizadas en las últimas décadas en diferentes campos de la psicología y de la neurociencia. Estudios como los realizados por Daniel Stern quien, en 1985, publicó sus hallazgos en El mundo interpersonal del niño, o el descubrimiento de las neuronas espejo como base biológica de la empatía, entre otros muchos, nos permiten cambiar la mirada hacia los niños con un enfoque radicalmente nuevo. A este respecto Jesper Juul, del Family-lab International de Dinamarca, comenta: “Desde su nacimiento los niños son plenamente humanos, es decir, son seres sociales, sensibles y empáticos. Estas cualidades no se enseñan, son innatas.”, “Se trata de una transformación completa de nuestra comprensión del papel del niño en la familia, la escuela y la sociedad: los niños son personas como los adultos, aunque con mucha menos experiencia, y necesitan estar en contacto con personas capaces de apreciar su competencia.”3page5image21032

Por tanto la confianza es el primer y fundamental elemento a considerar a la hora de posibilitar procesos de aprendizaje autónomos. El segundo elemento tiene que ver con la consideración de que los niños, como los seres humanos en general, “son seres curiosos por naturaleza” (Aristóteles), y por tanto no necesitan ninguna motivación extra para aprender. De hecho se podría considerar el aprender y el conocer como el proceso básico de la vida según los biólogos Maturana y Varela (4), el proceso que permite todos los ajustes adaptativos requeridos para mantener las funciones internas en un estado óptimo de equilibrio, pero también el proceso de construcción de un relato propio sobre la realidad y la propia identidad que nos da en última instancia sentido sobre nuestras propias vidas.

El tercer elemento tiene que ver con la motivación intrínseca como motor fundamental que marca la dirección del aprendizaje. En un ensayo publicado recientemente, Daniel Pink demuestra de manera concluyente que la motivación intrínseca es el principal motor en la vida de las personas, “La ciencia revela que el secreto de un rendimiento óptimo no radica en nuestro impulso biológico ni en nuestro impulso ante el premio o el castigo, sino en un tercer impulso: nuestro deseo, profundamente arraigado, de dirigir nuestras propias vidas, de extender y expandir nuestras capacidades y vivir una vida con una finalidad.” 5

Ahora bien ¿cómo se construyen procesos de aprendizaje, al menos relativamente autónomos? ¿Qué condiciones, qué entorno, y que premisas deben darse, para que puedan emerger en los niños procesos así? ¿Es esto realmente posible? A este respecto, son muy interesantes, entre otras, las aportaciones que realizan experiencias como las de Sudbury Valley School, o la de la propia Escuela Democrática de Hadera en Israel. Yacoov Hecht, en su libro Democratic education, a Beginning of a Story6, propone un modelo denominado Pluralistic Learning (Aprendizaje Pluralista), definido como el aprendizaje para un mundo democrático, y que caracteriza de la siguiente manera: “el Aprendizaje Pluralista se dirige al corazón de la educación democrática. Es un proceso de aprendizaje que reconoce la singularidad y la diversidad entre los aprendices – un aprendizaje basado en el derecho equitativo de cada individuo de expresar su singularidad.” 7

Lejos de la concepción escolar tradicional del aprendizaje como algo mecánico, el aprendizaje es ante todo un proceso sumamente complejo y diverso, un proceso que envuelve todas y cada una de las capacidades humanas, y que tiene un desenvolvimiento desde dentro hacia afuera, y es por tanto imposible pretender “dirigirlo” desde el exterior del propio sujeto, so pena de reducirlo a un aspecto puramente memorístico. Como dice Ken Robinson, “Tenemos que reconocer que el florecimiento humano no es un proceso mecánico, es un proceso orgánico. Y no se puede predecir el resultado del desarrollo humano; todo lo que puedes hacer, como un agricultor, es crear las condiciones en que ellos comenzarán a florecer”.8

Investigaciones sobre las conexiones entre lo emocional y lo cognitivo-racional, como las realizadas por el profesor Antonio Damaso, (Premio Principe de Asturias 2005 en Investigación Científica y Técnica) dejan claro que no se pueden separar los procesos neuro-congnitivos de los procesos emocionales y que ambos están estrechamente relacionados. O las realizadas por el neurólogo alemán Hans Helmut Kornhuber, sobre las diferencias entre los procesos neurológicos que existen entre las acciones espontáneas y las inducidas desde fuera, de las que se deduce que “al no respetar la intencionalidad del organismo que sigue las leyes del desarrollo, interferimos en los mecanismos de interacción como respuesta a los estímulos del medio ambiente, que es el mecanismo por excelencia de desarrollo intelectual del ser humano”. Continuará…(el aprendizaje libre, una cuestión de confianza, 2ª parte)

Referencias:

1 ROSSMAN, MICHAEL (1969). Citado por MAÑAS, JESÚS en Autorregulación y autogobierno. Abrazo entre psicología y educación. Publicaciones Orgón, 20042 APPLETON, MATTHEW. A Free Range Childhood. Self Regulation at Summerhill School.Solomon Press. 2000
3 JUUL, JESPER. La infancia en la reconstrucción de la familia europea. Cuadernos de Pedagogía no 407. Diciembre 20104 MATURANA, HUMBERTO Y VARELA, FRANCISCO. El árbol del conocimiento. Debate, 1990.
5 PINK, DANIEL. La sorprendente verdad sobre lo que nos motiva, pág. 164 Barcelona. Gestión2000.2010.6 HETCH, YACOOV. Democratic education, a Beginning of a Story. Israel. AERO, 2010[7] HETCH, YACOOV. Democratic education, a Beginning of a Story. pág. 94. Israel. AERO, 2010
[8] ROBINSON, KEN: http://www.ted.com/talks/sir_ken_robinson_bring_on_the_revolution.html.
[9] Citados por HERRERO, JAVIER. Bases científicas para una nueva educación. Ojo de agua. Agosto, 2010.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/lst1984/1289693952/

One Comment leave one →
  1. 7 diciembre 2012 1:25

    Excelente. Gracias

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