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En Sands y más allá, por Rachel Roberts (La vida después del paso por una escuela democrática)

24 octubre 2010

Rachel es miembro de EUDEC y profesora de inglés en la Escuela Libre de Leipzig (Alemania), estudió en SANDS, una escuela democrática al sur de Inglaterra, y en este artículo, aparecido en el último Noticiero EUDEC octubre 2010, nos cuenta cómo influyó en ella su paso por SANDS y de qué manera ha determinado su futuro.

Cuando tenía 12 años yo era una estudiante de la escuela pública integral en nuestro pueblo. Yo siempre había sido una estudiante brillante, inteligente, interesada y motivada. Pero ahora tenía problemas. Luchaba con el sistema, la autoridad, manteniendome en los percentiles altos, la presión de los examenes, las presiones sociales y las normas de arriba que no tenían sentido para mí. Me deprimí y enfermé. Dejé de asistir a la secuela, y más o menos dejé de hablar, casi dejé de ser reconocible como yo misma. Mis padres estaban preocupados y desesperados, ¿cuál podría ser la solución? ¿qué podría devolver a su hija de nuevo?

Tuvimos la suerte de vivir en el bello sur de Devon, cerca de la escuela democrática de SANDS. Un amigo de la familia sabía de la escuela, y a través de circunstancias afortunadas se ofreció a ayudar en el pago de la matrícula escolar. Yo había oído hablar de esta escuela, y yo estaba prevenida: ¿no era esta una escuela para niños especiales, niños problemáticos?. Decidí darle una oportunidad, no obstante.

En mi primer día de prueba me senté con un profesor, y me dijo: “¿y qué tal si te digo que no tienes que hacer ningún examen?, de hecho, no tienes que hacer nada que no quieras.” Esto era perfecto. Dentro de mi semana de prueba ya comenzó el lento proceso de volver a mí misma. Sin la presión de los demás, sólo me tenía a mí misma y la altura de mis expectativas, y mis auto-expectativas fueron lo suficientemente altas. Siempre me había gustado la estructura de las normas, pero nunca entendí todas las reglas sin sentido en la vida, aquí podría ser una parte de los que hacen las normas que garanticen que sólo las normas que tienen sentido existan. La escuela me venía como un guante.

Hice muchas cosas en mis 3 años en SANDS. Escribí poesía, hice esculturas locas, trepé, hice un millón de pompones, actué en obras de teatro, bebí tazas de té sin fin, salté en el río, hablé sobre todo, desde los gansos al feminismo, presidí las reuniones escolares, campañas, me comuniqué con gente de todas las edades, escuché y, – en alguna parte dentro de todo – , completé el nivel 8 GCSE de la A-C.

Dejé SANDS sintiéndome indestructible. Me sentía segura, tal vez un poco arrogante. Yo había aprendido una forma de funcionar en este mundo que era respetuosa y tenía sentido. Yo sabía que podía razonar mi camino dentro y fuera de cualquier cosa. Sentí que estaba mucho mejor preparada para el amplio mundo que mis coetáneos. Yo sabía lo que quería y sabía cómo estar motivada para lograr las cosas por mi cuenta.

Esto fue inicialmente malinterpretado como “mala actitud” por mis profesores en la universidad. Ellos sabían que yo había venido de SANDS y esperan que yo fuera una “estudiante problemática” desde el principio. Para empezar, estar de vuelta en las estructuras de autoridad del sistema supuso una verdadera lucha. Pero después de unos meses aprendí cuáles eran los límites y cómo podría ampliarlos dentro de lo razonable, y mis tutores aprendieron a apreciar mis maneras directas.

Me fui a estudiar Sociología en la Universidad de York. Al principios de la universidad todavía sentía que estaba mejor preparada que mis compañeros. Yo ya sabía cómo aprender de manera autónoma, ¿y no es sobre esto sobre lo que es la universidad después de todo? Sufrí un pequeño shock: es este clásico fenómeno del pez pequeño que va del pequeño estanque al gran océano. Nadie me conocía, no tenía relaciones personales con mis profesores, y finalmente me di cuenta de que a pesar de que había estado dirigiendo mi propio aprendizaje, había estado siempre dentro de un ambiente de apoyo reducido, con una gran cantidad de interacción uno a uno. Una vez más fue una lucha. En realidad, tenía que aprender cómo realmente funciona el auto-aprendizaje, pero al final lo conseguí.

Mi interés por la educación democrática no me abandonó. Tomé módulos optativos de “Educación para un mundo mejor” y “Filosofía de la Educación”. Escribí mi tesis sobre “El idealismo conoce la realidad”, discutiendo qué clase de personas pueden ser producto de una educación democrática y en qué medida están o no preparadas para la integración en esta sociedad.

Después de la universidad trabajé durante 6 meses en un hogar para el cuidado de niños. Este fue un reto y una gran curva de aprendizaje para mí. Los niños y yo veníamos de mundos diferentes. Ellos no podían, literalmente, comprender ser tratados o escuchados con la clase de respeto que yo había venido a aprender que todo el mundo merece.

Al salir de este trabajo yo había recordado porqué creía en la importancia de la educación democrática y estaba decidida a hacer algo más activamente. Un día escribí, idealistamente, “trabajos en Educación Democrática” en Google. E increíblemente apareció un internado con la Fundación Phoenix Educación. Se había pasado la fecha límite, pero de todos modos llamé: esto era exactamente lo que quería hacer. Trabajé con Phoenix por poco más de un año, inicialmente como pasante y luego como empleada. A través de esto trabajé con la Asociación de Estudiantes Ingleses de Secundaria (ESSA), en la coordinación de su conferencia anual de Estudiantes y dando charlas en algunas escuelas. Ofreciamos asistencia a las escuelas en el desarrollo de programas para dar voz a los estudiantes, ayudando a que las voces de los estudiantes realmente fueran escuchadas, y para que los consejos de estudiantes funcionaran efectivamente de manera democrática.

Después de un año de hacer esto me faltaba dar un paso más en la dirección radical, y ganar algo de experiencia trabajando con niños más pequeños. Hablé con Anna de Phoenix sobre esto, y ella me sugirió que contactara con la Escuela Libre de Leipzig, personas a las que ella y yo habíamos llegado a conocer a través de EUDEC. Mandé una aplicación por correo electrónico y obtuve una pasantía como trabajadora de lengua materna inglesa en la escuela.

Vine a Leipzig para 6 meses sin saber una palabra de alemán. (Nunca había pensado aprender un idioma. Yo simplemente no quería, así que no lo hice… yo era una estudiante en una escuela democrática como ya sabes.) Ahora, un año y medio después, tengo un puesto a tiempo completo en la escuela, y puedo hablar alemán casi con fluidez.

Sin una educación democrática no sé qué habría sido de mí. Pero definitivamente no estaría aquí haciendo lo que estoy haciendo ahora. Ha dado forma a todo en mi vida hasta ahora y seguirá dando forma a mi futuro.

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