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Asamblea EUDEC 2010 desde la cocina

19 agosto 2010

Por Rafa Ortas

Una de la madrugada, la cocina del encuentro de EUDEC en Roskilde estaba llena de gente; Bob Marley cantaba “ I wanna love you, and treat you right,…” algunos bailaban, otros charlaban, gente relajándose y otros empezando a cocinar de nuevo. Yo no había planeado venir al encuentro para estar de pinche en la cocina, pero uno debe seguir lo que le dicta el corazón, y el mío me pedía estar allí.

Como muchos otros en el encuentro yo iba con ganas de conocer gente y experiencias y aunque parezca mentira la cocina ha sido uno de los mejores sitios para ello.

Llegué un día antes al encuentro y a la primera gente que vi fue al equipo de cocina que, dentro del coche, se marchaba a buscar ingredientes para preparar la comida de los días siguientes. Al preguntar al equipo organizador si podía ayudar en algo, me dijeron que quizás David necesitaría gente en la cocina. El día anterior había cocinado toda la noche hasta las 10 de la mañana.

El equipo de la cocina integrado por David, Louis, Karl Luis, Wilhem y Chloë llegaron al cabo de un par de horas muy entusiasmados y divertidos, comentando sobre una increíble tienda turca que habían encontrado donde, además de ser todo más barato, les regalaban cosas. Y aquí empezaron nuestras aventuras.

La cocina de EUDEC en acción, en el centro Rafa

La cocina siempre era un reflejo de lo que es EUDEC como comunidad. Al llegar allí yo estaba, como buen hispano hablante, un poco asustado de mi nivel de inglés para seguir las conversaciones, pero sobre todo para establecer conversaciones. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al pasar los días, cada vez había más gente que hablaba castellano. Eso hacía que, aunque el idioma predominante en la cocina era el inglés, había momentos en que todos los que estábamos ayudando hablábamos en un fluido castellano, para cambiar cuando venía otra persona al inglés, danés, alemán, francés e italiano y también en polaco y ucraniano.

Los milagros ocurrían en la cocina. David, el cocinero, se asombraba como poco a poco todas las grandes dificultades se iban solucionando. Como cuando aparecieron Miguel y Freya con el pan para toda la semana que nos aliviaba de tener que hacerlo cada día.

Otra cosa que pensaba me influiría era los horarios de comidas. Pero debido a que estos venían modificados por la duración de las asambleas generales (y las decisiones que se tomaban allí) y las dificultades de la cocina para poder tenerlo todo a punto, el horario se parecía al final mucho más al español que al europeo. Al llegar la hora de la comida o la cena, la gente en general no se quedaba sentada esperando la misma sino que se presentaba por la cocina para ayudar.

Ambiente nocturno en la cocina

Luego venía el recoger y limpiar la cocina. Otro grupo de personas que entraba en la cocina, o gente que se había enganchado al ambiente que se respiraba allí. Más conversaciones, comentarios sobre como habían ido las asambleas y contactos con gente interesante y entrañable. Gente que cogía la guitarra o el ukelele que se habían quedado allí desde la noche anterior y que nos tocaba un poco. De vez en cuando alguno de nosotros se escapaba para ir a una asamblea, al encuentro del Consejo de EUDEC (David es parte del mismo) o a algún taller. Y también a dormir un poco y a ducharnos. Otros iban a dar una vuelta por Roskilde.

Y a comenzar de nuevo. Otro grupo se incorporaba y comenzábamos a preparar la cena. Todo el mundo preguntaba que hacer e iba buscando su sitio en la cocina hasta que lo encontraba. Personas como la gente de Ucrania a las que no hacía falta explicar nada ya que te veían, se ponían a tu lado y te ayudaban, limpiaban y recogían solo con miradas a los ojos.

Y luego servir la cena y recoger la cena. Allí estaba nuestro ángel especial, Ivanna, que limpiaba y recogía hasta que todo estaba colocado. Gracias.

Todavía quedaba comenzar de nuevo con la comida del día siguiente. La cocina se iba animando hacia las doce de la noche con gente, conversaciones y música en directo. Y cuando faltaba la música en vivo, Bob Marley y otros enlatados nos hacían compañía mientras se iba trabajando.

Y llegó el viernes, y al final el sábado,!!Cuanta gente había pasado por la cocina!! Personas y más personas de todas las edades. Como Oskar, una de las personas más pequeñas del encuentro, que nos alegraba todos los días un par de veces al pasar por la cocina y decirnos “Hello, Rafa!, Hello David!”

El sábado por fin fui a dar una vuelta por Roskilde. Con la cabeza llena de planes e ideas y con un montón de ganas de trabajar en la educación democrática y para la educación democrática.

Las ciudades se las recuerda por sus monumentos, pero alguien me dijo una vez que el monumento más importante eran las personas. Creo que me voy habiendo visto y conocido un buen montón de bellos monumentos en Roskilde. Espero verlos de nuevo el verano que viene en Inglaterra.

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