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Replanteando supuestos sobre la educación y la escuela. (Nueva legislación sobre escuelas libres en el Reino Unido)

29 junio 2010

Publicamos el otro día la noticia de que una nueva legislación educativa, promovida por el nuevo Gobierno de coalición entre conservadores y liberal-demócratas en el Reino Unido, iba a propiciar y facilitar las condiciones y los requisitos para que grupos de padres, educadores o entidades sin ánimo de lucro, pudieran constituir escuelas “libres”, subvencionadas, de no pago y con autonomía de funcionamiento respecto del estado. La noticia tiene diferentes lecturas e implicaciones que vamos a tratar de diseccionar.

Por una parte tenemos que decir que no somos ingenuos respecto a la intencionalidad de esta medida, que desde luego no va en la línea de impulsar las denominadas “escuelas alternativas o democráticas.” Más bien es una medida muy en la línea de esa visión clásica del conservadurismo anglosajón, que tiende a limitar al máximo el papel regulador del estado y a conceder a individuos, entes sociales y grupos privados amplios márgenes de autonomía en muchos asuntos. Es una visión en la que prima la libertad individual por encima de otras consideraciones, y a la que hay que reconocer el valor de preservar la diferencia y la diversidad frente a posibles pretensiones totalitarias por parte del estado, pero en la que siempre tienen las de ganar los que están en mejor posición social.

Frente a esto, ha habido tradicionalmente entre el progresismo una visión del estado como garante de derechos y como igualador de oportunidades, por ejemplo por medio del sistema educativo público. Sin embargo y con una perspectiva histórica, hay que decir que lejos de lograrlo, los sistemas escolares públicos y el sistema educativo, en general, no han servido sino para perpetuar las diferencias sociales, e incluso más allí de eso, y tal como apunta por ejemplo, el teórico norteamericano Henry Giroux (y otros), “La escuela respondería a una necesidad del orden industrial, por lo que habría una colaboración o afinidad de intereses entre la sociedad industrial (capitalista) y la escuela. Es decir, la escuela forma parte del engranaje mismo que promueve un modelo social que entiende al ciudadano esencialmente como consumidor, tal como advirtió Ivan Ilich en “La sociedad desescolarizada”. Hilando más fino, incluso, abunda en este análisis el sociólogo francés Pierre Bordieu, en su idea de que el “habitus” familiar de los estudiantes de clases medias y altas, es mucho más cercano al de la escuela que el de las clases más desfavorecidas, precisamente, creemos, por el motivo que expone Henry Giroux. De lo que se deduce la necesidad de reformular algunas de las concepciones del progresismo con respecto a la educación y el sistema escolar.

Siguiendo a Ron Miller en “The Self-Organizing RevolutionCommon Principles of the Educational Alternatives Movement”, “podríamos intentar ir más allá de de nuestro esquemas ideológicos preconcebidos para admitir que en ambas visiones hay algo que puede ser reconocido como válido desde el punto de vista de los derechos educativos. La libertad individual puede resultar tiránica cuando sólo está garantizada para un selecto grupo; tener derecho a la libertad de conciencia, en principio, es un logro vacío si no existen oportunidades para ejercitar ese derecho. A la inversa, no es suficiente garantizar el acceso al sistema educativo, si lo que este provee es esencialmente un proceso estandarizado y deshumanizado de fabricar ciudadanos obedientes”. Se trata por tanto de encontrar, en un momento de búsqueda global de nuevos paradigmas, y desde una actitud de apertura mental, nuevas síntesis de partida.

En otro orden, Ken Robinson, en su última conferencia en TED-talks, abogaba por una revolución en el aprendizaje, pasando de uno de orden industrial, mecánico, lineal (el actual), a otro basado en la agricultura, orgánico, multifacético, que impulse la creatividad en lugar de cercenarla. Lo que nos da ese punto de síntesis en el cual la reformulación del sistema educativo en su conjunto, no es sólo deseable desde el punto de vista de la creación de relaciones y modelos sociales más justos y equilibrados, (visto si se quiere desde un punto de vista más “ideológico”). También desde el punto de vista de la necesidad real e inaplazable que como especie y como individuos tenemos de liberar todo el potencial de creatividad, de inteligencia y también por qué no, de compasión, de empatía y de sentido cooperativo que se requiere para operar cambios estructurales que restauren el equilibrio con la vida en el planeta y que nos ayuden a encontrar un futuro común como especie.

Retomando el tema de esta nueva legislación educativa en el Reino Unido, la aprobación de las escuelas estará supeditada a la inspección de una oficina gubernamental británica, la OFSTED, que es muy probable que vele más por la defensa de un modelo de escuela como mera transmisora de conocimiento y de domesticación, (modelo del que al parecer es un gran defensor el propio ministro de Educación británico), que como verdadero espacio de crecimiento personal y de participación. En todo caso, y valorando como interesante la posibilidad de un sistema que propiciara el surgimiento de nuevos espacios educativos con autonomía de funcionamiento, quedaría pendiente el tema de la financiación (en este caso parece que va a haber financiación totalmente estatal), y algún modo de supervisión que parece necesario siempre que haya de por medio dinero público. De esta forma se podría también  evitar que se aprovechasen del sistema determinados elementos hostiles al respeto a las reglas básicas de la democracia y los derechos humanos. Sobre esta cuestión, y tal como apunta Ron Miller, no cabría descartar plantear la participación de grupos, organizaciones o empresas en la misma, como un modo de corresponsabilidad social para costear un bien que repercute directamente en toda la sociedad, como es la educación.

Recapitulando, creemos que se puede abrir una vía interesante y una oportunidad con esta medida propuesta en el Reino Unido, aunque desde luego no pensamos que vaya a ser ningún regalo para las escuelas libres o democráticas, y antes bien, seguirán topando con dificultades y trabas para su reconocimiento, al menos en tanto no se avance en nuevos consensos sobre esos cambios que desde diferentes posiciones se vienen reclamando para el conjunto del sistema educativo.

Nota:  más en torno a la obras de Bordieu y Giraux en: http://educayfilosofa.blogspot.com/

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