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El Aprendizaje abierto. Una introducción al trabajo de Falko Peschel, por David Gribble.

29 marzo 2010

Reproducimos ampliado en su integridad este artículo de David Gribble publicado parcialmente en el último  noticiero de EUDEC. Noticias EUDEC febrero 2010 que nos introduce en el trabajo de Falko Peschel, autor de la teoría del Aprendizaje Abierto.

Falko Peschel, el autor de la teoría de Offener Unterricht (Las lecciones abiertas, o como son más conocidas generalmente, Aprendizaje Abierto), no se convirtió en profesor hasta los treinta años. Antes de eso era ingeniero de sonido y dirigía su propia compañía.

Durante su preparación como profesor de primaria en la Universidad de Colonia, él deseaba encontrar una manera ideal de enseñanza que no erosionara el deseo natural de los niños de aprender.

Comenzó a mirar en escuelas primarias ordinarias que habían tomado parte activa en reformas escolares en el norte de Renania-Westfalia entre 1981 y 1985. Comparado con su propio tiempo en la escuela, mucho había cambiado desde entonces. “Adultos y niños se sentaban juntos en círculos,” escribió él en la introducción a su trabajo de dos volúmenes, “Lecciones abiertas”, “y celebraban cumpleaños y otras fiestas juntos. Se daba ayuda especial a niños concretos por los profesores o por auxiliares de apoyo, las salas de clase habían llegado a ser más alegres y estimulantes, con muchos materiales atractivos. Los niños podrían organizar su propia jornada escolar, no tenían por qué hacer todos las mismas cosas al mismo tiempo. A veces había incluso horarios que les permitían organizar jornadas completas por ellos mismos, o aún el conjunto de la semana. En mi opinión la escuela estaba tomando la dirección correcta.”

A pesar de todo esto, sin embargo, los  profesores no parecían haber cambiado, muchos de ellos seguían siendo las mismas personas. Todavía mantenían las riendas firmemente con sus propias manos. La comunicación se había convertido mucho más amigable, pero  todavía era hacia un solo lado. Para los niños la escuela seguía siendo todavía un trabajo  difícil. Rara vez preferían la escuela a otras actividades. Peschel no encontró esos niños felices, ansiosos por aprender, que él creía que caracterizaba al Aprendizaje Abierto.

Lo siguiente fue visitar dos tipos de escuelas libres, fuera del sistema estatal. Algunas, como Summerhill, ofrecían clases tradicionales, pero permitían a los niños decidir si querían asistir o no, otras utilizan sistemas como el Plan Dalton, donde los niños, más bien de mala gana, abordaban su plan de trabajo semanal a su propio ritmo. La relación profesor-alumno era mejor, pero tampoco encontró aquí esos estudiantes entusiastas.

Su siguiente esperanza estaba puesta en las escuelas Montessori y Petersen, donde se encontró con aulas magníficamente preparadas para los niños, una rica elección de los materiales de aprendizaje y grandes oportunidades para la investigación. Por desgracia, también encontró ambientes de clase que le hicieron estremecer. Vio a profesores humillar deliberadamente a los niños frente a toda la clase, y ejercer una presión psicológica sobre los supuestamente deseosos estudiantes que parecía ponerles en la frontera del abuso físico. En otras clases había un caos perfecto. “Se suponía que los niños debían funcionar de forma independiente “, escribió, “pero no tenían sus propios planes, hacían los ejercicios de mala gana y mal, se aburrían, se calmaban juntos de nuevo y trataban de una u otra manera de crear un programa más o menos satisfactorio para el día. Todos parecían estar luchando por sí mismos, muchos no tenían ni idea de por qué iban a la escuela, de por qué estaban “en la escuela”.

Empezó a sentirse aburrido cuando visitaba las escuelas, y pensaba que los niños estaban probablemente aburridos también. Su última esperanza estaba en una escuela primaria estatal cerca de su casa, donde había una maestra que le había impresionado con su charla en un simposio sobre la enseñanza de las matemáticas. Así es como describió él su visita:

Nunca olvidaré ese día. Encontré una clase que por primera vez me permitió ver el aprendizaje abierto en la forma en que yo lo había imaginado. Los niños eran estupendos. Trabajaban de forma totalmente independiente en historias que ellos había ideado, complicados ejercicios de matemáticas, buscaban la información que necesitaban para el trabajo que habían planeado en los libros de referencia, inventaban ejercicios para otros niños, transformaban hábilmente sus historias en obras de teatro e ilustraban sus poemas artísticamente. Además de eso, el nivel de logro en este segundo año de clase fue mucho mayor que en las otras clases de segundo en la misma escuela. Era como si la tapa hubiera sido abierta, y los niños estuvieran “alcanzando las estrellas”.

La profesora se comportaba de forma  absolutamente natural. Ella no ofrecía una motivación extra en forma de materiales especiales o pegatinas sonrientes, daba a los niños sus opiniones abiertamente, los despachaba cuando no tenía tiempo, y los alababa cuando se sentía satisfecha. En el aula no había juegos ni materiales de enseñanza. Los niños trabajaban con papel en blanco, lo que significaba que tenían que crear su trabajo por sí mismos. No se sabe cómo, los libros de matemáticas y de lectura habían desaparecido de las estanterías.

Yo estaba muy impresionado y al mismo tiempo, completamente fascinado. Inmediatamente pregunté si podía visitarles más a menudo, y mi petición fue concedida de buen grado. El Aprendizaje Abierto está abierto para todos. Esto confirmó mi primera impresión, que se hizo más y más compleja. Por supuesto, hay algunos días en esta clase que van bien, y otros que no funcionan tan bien. Por supuesto que el profesor no juega un papel insignificante, por insignificante que sea. Por supuesto que hay niños aquí también, que algunos días de trabajan mejor que otros. Pero todo parece trabajar honradamente por su propia cuenta, los niños saben cuándo son tomados en serio y por lo tanto se comportan de forma independiente y abierta. Ellos quieren aprender.

Aquí, por fin había encontrado un aula donde el deseo de los niños de aprender no se había extinguido.

Desde 1995 hasta 1999 enseñó en una escuela primaria donde se le permitió trabajar a su manera, con una clase que tomó para cuatro años completos allí. (En la escuela primaria de Alemania por lo general los niños comienzan cuando tienen seis años, y se van cuando tienen diez.)

Este es el relato de su primer encuentro con su grupo.

Aquí estoy, delante de mi primera clase. 24 niños completamente diferentes conmigo para que su talento individual sea fomentado. Está D., que a pesar de que tiene ocho años y ha estado un año en el jardín de infancia está en el nivel de un niño de cuatro años. Está la hiperactiva B., que es muy talentosa y de inmediato puede , repetir perfectamente cualquier cosa que ha oído o visto en cualquier lugar, incluso si estaba a veinte metros de distancia. O ahí está M., que es completamente ingenuo y juguetón y que por un largo tiempo todavía, probablemente no entenderá lo que la escuela es en realidad. O K., que fue enviado a la escuela temprano, porque su ansia de conocimiento no podía ser satisfecha en el jardín de infancia por más tiempo. Y cerca están G. y N., que son solicitantes de asilo procedentes de Bosnia y Zaire, y viven con sus no-germano-parlantes familias en 20 metros cuadrados en una antigua fábrica. Se supone que todos aprendemos en esta clase juntos.

Así que una clase tradicional única para todo el mundo está, obviamente, fuera de la cuestión. Es obvio para mí que no podría enseñar de una manera suficientemente diferenciada teniendo en cuenta los conocimientos previos, la velocidad de trabajo, el deseo de aprender y la madurez emocional de cada individuo. Cualquier cosa que hiciera me haría perder a los niños. Una buena parte sería totalmente dejada atrás, y el resto pronto se aburriría. Pero lo que en realidad todos quieren es aprender. Se mueren por aprender. Pero algo nuevo, algo emocionante. Algo que no saben todavía. Y algo de lo que puedan hacer uso.

La mayoría de las citas en este artículo proceden de su obra en dos volúmenes, Offener Unterricht (Lecciones Abiertas). En estos dos libros no se establece ningún sistema rígido para ayudar a los niños en clase a aprender de la manera que ellos quieran aprender, pero se recomienda un tiempo para un corro diario cuando los niños llegan, donde los problemas o las propuestas pueden ser planteadas, y donde a cada niño, individualmente, se le pregunta cuáles son sus planes para el día. La  clase, sugiere, debe organizarse con un área fija, donde los niños pueden reunirse para el tiempo del corro, y una variedad de soluciones de espacios para sentarse individualmente, algunos en grupos, muchos  mirando hacia afuera, hacia las ventanas o las paredes. En sus primeros dos años con su propia clase había corro tres veces cada día – la sesión de apertura para todos, donde los niños podían obtener ideas unos de otros, y donde el propósito de aprendizaje era el objetivo, un segundo a mitad de la mañana después del descanso, cuando los que querían podían presentar lo que había estado haciendo o venían a escuchar y tal vez a obtener nuevas ideas, y una tercera al final del día escolar (antes de ir a casa para un almuerzo tardío, ya que pocos alemanes acuden a las escuelas por la tarde), para reflexionar sobre el día, para escuchar lo que otros habían estado haciendo y para decidir si llevaban a casa tarea. En el tercer y cuarto año los niños a menudo organizan su tiempo de manera efectiva sin necesidad de estas reuniones frecuentes.

“En la práctica,” dice, “vemos un fenómeno importante, que es una aparente desaceleración de aprendizaje debido a la laboriosa búsqueda de su propio camino cuando se encuentra por primera vez una nueva área, que generalmente conduce posteriormente a una aceleración en otras áreas. Esto significa que el progreso a veces indirecto resultante de la auto-dirección es, en definitiva, mucho más eficaz que la evolución directa del curso dirigido por el profesor. “En apoyo de esta opinión, cita Peter Gallin y Urs Ruf, quien en su libro Sprache und Mathematik van tan lejos como para decir que los alumnos libres raramente se alejan mucho de la ruta ideal, es decir, la que mejor se adapta a ellos personalmente.

Los padres son a menudo, por supuesto, reacios a creer en esto. Peschel cita a Karin Heitzlhofer, una madre, que describe una velada de padres, donde trató de defender a un maestro, pero se enfrentó con un ejemplo extremo de hostilidad irracional.

El maestro estaba inundado de quejas: como representante de los padres fui acusado de haber permitido todo esto, de modo que se había llegado al punto en que nuestros hijos no podrían ni entrar en el instituto. Yo estaba listo para estas quejas y preparado para demostrar, con la ayuda de ejemplos de trabajo de la escuela y la comparación de resultados, que los niños podían hacer exactamente lo que se suponía que debían ser capaces de hacer al final del cuarto año. Pensé – demasiado pronto – que esto resolvería el asunto, pero el problema no había sido resuelto. Una madre gritó: “!Entonces metedle miedo a los niños!”

La respuesta de Peschel a esto revela la contradicción en los temores de los padres.

Si los padres hubieran enviado a sus niños a una clase donde había enseñanza tradicional, entonces todo hubiera tomado su curso normal, y como padres responsables al menos no habrían tomado ningún riesgo incalculable (o al menos así lo creen ellos). Los padres tendrán una actitud positiva o negativa hacia el Aprendizaje Abierto de acuerdo con la manera en que su propio hijo se desarrolla en el marco del sistema. Ahora ya no es el niño el que es responsable de eventuales deficiencias, sino el método – justo lo contrario que en la educación tradicional, donde la culpa en general no se cree que yazga en el método o en el profesor, sino siempre en el niño. Una contradicción increíble: en las lecciones dirigidas por el maestro es el niño el que tiene la culpa, cuando son dirigidas por el propio niño es el maestro. La cuestión de la culpabilidad debería ser realmente vuelta del revés.

Por supuesto Peschel quiere cambiar la formación del profesorado, y sus recomendaciones para iluminar a los aspirantes a maestros son relevantes para todos nosotros. Se recomienda pedir a los estudiantes a pensar en su propia educación, la forma en que fueron entrenados para aceptar el statu quo y la forma en que consideran que la escuela podría haber sido mejorada. Y al hacerlo, se debe preguntar cómo aprendieron, cuándo aprendieron y lo que aprendieron con mayor facilidad, y ser invitados a debatir sus propias respuestas con otras personas que se habían hecho las mismas preguntas. Esto, dice Peschel, llevará rápidamente a la teoría básica del Aprendizaje Abierto, porque se darán cuenta de que todos ellos son completamente diferentes en términos de los ritmos de aprendizaje, los tiempos de aprendizaje, las condiciones preferidas para el aprendizaje, los métodos de aprendizaje y la elección de los temas de interés. “La importancia de la formación orientada por el interés”, dice Peschel “, se convierte inmediatamente en algo claro para ellos, cuando consideran el contenido que les resulta fácil de absorber, por ejemplo el aprendizaje que ellos no experiencian para nada como “aprendizaje” (la solución de problemas con los ordenadores, el aprendizaje de una lengua extranjera en el país correspondiente, ciertas conexiones entre la medicina y la biología). “

Las ventajas del aprendizaje abierto pueden ser contrastadas por la experiencia, Peschel y cuatro años de éxito de la enseñanza deben tener un peso enorme, pero ellas también puede ser entendidas en el resumen. Todo lo que necesitas hacer es reflexionar sobre tu propia educación y que tú recuerdes que cuando trataban de hacerte aprender cosas que no te interesaban, por lo general, era  contraproducente. Después de un tiempo tú ya no estabas simplemente desinteresado, eras activamente hostil.

En su propia clase Peschel creó las condiciones en las que los niños querían aprender. Ellos entendieron que llegaban a la escuela para trabajar, es que querían trabajar.

Esto hace un fuerte contraste con la asunción de AS Neill de que si los niños están a cargo de sus propias vidas pasarán la mayor parte de su tiempo jugando, y la declaración de María Montessori de que el juego es el trabajo de los niños. En las clases ideales de Peschel aprender es un placer, pero no es un juego.

Tal vez, teniendo en cuenta esta distinción, incluso un gobierno que ha hecho todo lo posible para cerrar Summerhill, podría encontrar posible aceptar la idea de introducir el Aprendizaje Abierto.

Offener Unterricht, por Falko Peschel, ha sido publicado por la Schneider Verlag Hohengehren GmbH

www.davidgribble.co.uk

 

 

 

 

 

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